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Las Músicas Urbanas (1)La discusión es vieja, larga, y aun sin un punto final. ¿Qué es cultura?, ¿Todo es cultura? ¿Hay culturas superiores y otras inferiores? ¿Hay arte bueno y malo?, ¿Hay música buena y mala?
Como es apenas obvio, de esa multitud de inquietudes planteadas desde hace mucho tiempo ya, preferimos ocuparnos –sin intención de llegar a la anhelada verdad- del mundo de los sonidos, aquel que se ha vuelto tan amplio e impredecible que resulta una labor de verdad titánica enumerarlo, clasificarlo o al menos describirlo con alguna exactitud.
Hace algunos años, como decimos los mayores de 30, 40 o 50, la música estaba limitada única y exclusivamente a unos sujetos llamados músicos. Para no ir muy lejos, para no hablar del Medioevo… para no hablar de Scarlatti, Bach, Mozart o Beethoven… digamos que desde principios del siglo veinte, con la irrupción del jazz como expresión sonora popular y masiva, era necesario poseer -sino una educación formal y estructurada-, sí una cierta habilidad, talento, intuición o genio superior para ejecutar un instrumento o componer una de esas tonadas que, cien años después, aun conservan ese brillo y frescura que tienen las obras de arte. Esos músicos, la gran mayoría de ellos negros sin ninguna educación, segregados y aun tratados como esclavos en libertad condicional, crearon un legado sonoro que sobrevive a nuestros días. A pesar de no tener el título que los acreditara como músicos, nadie pone en tela de juicio que Louis Armstrong, Jelly Roll Morton o King Oliver hicieron música… hicieron algo llamado arte.
Los afanes vanguardistas de un Luigi Russolo, el manifiesto futurista, y otras extravagancias cuerdas y otras no tanto, de principios del siglo 20, empezaron a cuestionar el papel del músico tradicional, de los instrumentos tradicionales y de las músicas académicas en general. Son tiempos de experimentación con ruidos, máquinas rupestres antecesoras de los sintetizadores. Son tiempos en los que Edgar Varese, desde la Academia, empieza a visionar las músicas electroacústicas y concretas. Luego vienen Pierre Henry y Pierre Schaeffer, Stockhausen y otros tantos que revolucionaron el concepto de lo que es o debería ser la música.
En todos y cada uno de estos momentos históricos prima el trabajo juicioso y aplicado, el estudio y la investigación… En todos y cada uno de estos momentos hay ciertas dosis de genialidad y vanguardismo de pronto no entendido en su tiempo, pero valorado en su justa medida con el paso y el peso del tiempo.
Al arribar al rock and roll, nacido del blues y otros sonidos profanos, nos encontramos de nuevo con figuras no convencionales que, armadas de guitarras, bajos, baterías y en muchas ocasiones de pianos, crean algo que para muchos es un ruido insoportable, y para toda una generación, la banda sonora de sus propias vidas.
Continuará… |
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